jueves, 13 de septiembre de 2007

PASTORES Y AUTORIDAD. PARTE 3

¿TIENEN LOS PASTORES DE LA IGLESIA
AUTORIDAD DELEGADA DE CRISTO SOBRE
EL RESTO DE FIELES..?
Lo que nos muestra la Biblia
TERCERA PARTE

El ejemplo de los apóstoles
Si fuera cierta la afirmación de Asambleas de Dios, y otras denominaciones, que todo aquel que pretenda tener autoridad, tiene que estar bajo autoridad; es decir, que cada humano que quiera gobernar "espiritualmente" a otros humanos debe estar bajo autoridad "espiritual" de otro ser humano, sería lógico ver esto en el ejemplo de los apóstoles. ¿Dieron los apóstoles ejemplo de esto..? Veamos:

Al comienzo mismo de su carta a los Gálatas, Pablo mostró gran empeño en dejar bien claro que su apostolado y su dirección espiritual no venían de hombres ni mediante hombres, con mención específica de los apóstoles en Jerusalén. Dio énfasis al hecho de que, después de su conversión, no acudió a ninguna fuente de autoridad humana, al decir:

No consulté enseguida con carne y sangre, ni subí a Jerusalén a los que eran apóstoles antes que yo; sino que fui a Arabia, y volví de nuevo a Damasco [en Siria]. (Gálatas 1:16-17)

No fue sino tres años más tarde que Pablo viajó a Jerusalén. Y declara específicamente que entonces únicamente vio a Pedro y al discípulo Santiago, pero a ningún otro de entre los apóstoles durante su estancia de quince días. De modo que Pablo no estuvo sujeto a alguna autoridad terrenal. Ninguno de los apóstoles intentó guiarlo hacia lo que debería hacer o en dónde debería permanecer. Pablo siempre se dejó guiar por las instrucciones del Espíritu Santo, autoridad legítima de la iglesia y nadie le cuestionó tal llamado. Tampoco le pasó a Pablo por la cabeza reconocer una "cobertura" de la iglesia de Jerusalén (donde estaba la mayoría de apóstoles), ni una especie de autoridad espiritual de ésta sobre otras iglesias.

Pablo estableció en Antioquía su base, no en Jerusalén. Llevó a cabo viajes misionales, siendo la congregación de Antioquía la que lo enviaba, no la de Jerusalén. Aunque estaba relativamente próximo a Jerusalén (Antioquía se encuentra en la zona costera de Siria), transcurrió un período de tiempo muy largo antes de que Pablo estimara oportuno o encontrara la ocasión para volver a aquella ciudad. Como él dice: "Después, pasados catorce años, subí otra vez a Jerusalén con Bernabé, llevando también conmigo a Tito. Pero subí según una revelación".

Y es que el Nuevo Testamento no reconoce aristocracia o nobleza espiritual, sino que llama "santos" a todos los creyentes. No existe el reconocimiento de un sacerdocio especial que se distinga entre la gente y sea mediador entre Dios y los legos. Únicamente se reconoce al único gran sacerdote, Jesucristo, y claramente enseña el sacerdocio y el reinado universal común de los creyentes.

Con el transcurrir del tiempo, la relación de hermandad en la iglesia de Cristo, sufrió una degradación hacia las formas de autoridad que conocemos hoy en día y que, sea frontalmente exigida o tenuemente sugerida, son totalmente contrarias a la enseñanza neotestamentaria. ¿Por qué se produjo esto sin la oposición de la mayoría de creyentes..? Por la sencilla razón de que muchas personas, tal vez la mayoría, prefieren delegar en otros la responsabilidad que por derecho les corresponde. Incluso llegan a sentir un cierto orgullo por tener sobre ellos a hombres con poder. Se vanaglorian de estar bajo la "autoridad" de algún hombre especialmente poderoso o carismático. Eso es cierto hoy en día y lo fue entonces. De modo que Pablo escribió lo siguiente a los corintios que se enorgullecían de hombres que a sí mismos se presentaban como una especie de "super apóstoles", falsos apóstoles que no son otra cosa que ministros de Satanás:

"Soportáis que os esclavicen, que os devoren, que os roben, que se engrían, que os abofeteen. Para vergüenza vuestra lo digo; ¡como si nos hubiéramos mostrado débiles!". (2 Cor. 11:20-21)

Sin duda, los falsos maestros ejercieron un señorío sobre sus conciencias; eliminaron la libertad de opinión de estos creyentes y los hicieron esclavos de la voluntad de ellos. De igual manera, los corintios estaban dejando a un lado su libertad cristiana como si hubieran sido esclavos. Como dice un comentarista: "Los falsos maestros les dieron realmente un trato poco respetuoso, como si los estuvieran abofeteando. Se desconoce la forma en que eso sucedió, pero probablemente fue mediante sus métodos de ejercer dominio, y el desprecio que mostraron por las opiniones y los sentimientos de los cristianos de Corinto."

Vemos que incluso durante el ministerio de los apóstoles de Cristo, algunas personas empezaron a considerar que fueran los hombres "nombrados" –por otros hombres- quienes ostentaran gran parte de la responsabilidad que corresponde a la persona individual, y esto fue lo que condenó Pablo. Después, se fue instando con bastante énfasis a los cristianos del período post-apostólico a que creyeran que la manera de permanecer en gracia de Dios era sencillamente permanecer sumiso y en conformidad con el superintendente u obispo y los líderes de la congregación. Estos hombres, que alegaban –y todavía lo hacen- representar a Dios y a Cristo, deberían ser depositarios de la confianza de los demás y deberían ser seguidos al igual que se debía confiar y seguir a los apóstoles, sí, de la misma manera que se debería confiar en el propio Jesucristo y seguirle a él. Cuando estos pastores, ancianos o líderes hablaban, exigían ser escuchados como si hablara el mismo Dios. Volvamos a leer en la Homilías Clementinas, las instrucciones que se dan a un "superintendente" con respecto a los creyentes:

Por tanto, la sumisión habrá de salvarlos, pero la desobediencia les acarreará el castigo del Señor, ya que al presidente [el superintendente presidente] se le ha confiado el lugar de Cristo. Por lo que, en efecto, el honor u honra mostrados al presidente se consideran como dirigidos a Cristo y, mediante Cristo, a Dios. Y lo que he dicho es que esos hermanos no pueden ignorar el peligro en el que incurren al desobedecerle, ya que quien desobedece sus órdenes a Cristo desobedece, y quien desobedece a Cristo ofende a Dios. (Subrayado mío)

Premisas jesuíticas mírense desde donde se miren.

Como dice un comentarista bíblico: La necesidad de comprobar toda enseñanza a fin de llegar a una convicción personal en cuanto a la verdad, el hacer uso de la propia conciencia cristiana y la necesidad de sentir un profundo sentido de la responsabilidad personal hacia Dios por las creencias, actos y manera de vivir fueron reemplazados por el énfasis a la sumisión a la autoridad humana constituida, el "centro visible de la unidad".

Pronto se olvidó la orden expresa de ser libres porque Cristo nos había comprado a un muy alto precio: Su propia vida.

Para ser libres nos libertó Cristo. Manteneos, pues firmes, y no os dejéis oprimir nuevamente bajo el yugo de la esclavitud. (Gálatas 5:1)

La autoridad para el servicio y la edificación fue pervertida, derivando hacia la autoridad para subordinar, controlar y dominar, un proceso destructivo no tan sólo de la libertad cristiana, sino del auténtico espíritu del cristianismo y de la hermandad cristiana.

Contrario al trasfondo histórico ya expuesto, al tratar sobre la posición de cualquiera que sirve en alguna capacidad dentro de una congregación, el comentarista Lightfoot observa que, según la Escritura,

"... su cargo es representativo y no vicario. No se interpone entre Dios y el hombre de tal manera que la comunicación directa con Dios sea suplantada por una sola persona, o que su mediación venga a ser indispensable para los demás."

Esto quiere decir es que nunca los hombres pueden reclamar en justicia que: "puesto que somos los subpastores de Cristo se nos debería dar el mismo trato que al propio Pastor; nunca deberían ponerse en cuestión nuestras instrucciones como no se cuestionarían las de El. Es a través nuestro que se tiene una relación con Dios y Cristo y, por tanto, si se desea la aprobación y la bendición de Dios, se debería permanecer en completa sumisión a nuestra dirección. Sean agradecidos para con nosotros por todo, permanezcan tranquilos y no sean rebeldes", porque, "si se desecha al que tiene la autoridad delegada por Cristo, se desecha al mismo Cristo."

Afirmar eso va directamente en contra de los consejos del apóstol Pedro a sus compañeros ancianos, cuando les dice:

No como teniendo señorío sobre los que están a vuestro cuidado, sino siendo ejemplos de la grey. Y cuando aparezca el Príncipe de los pastores, vosotros recibiréis la corona incorruptible de gloria. Igualmente, jóvenes, estad sujetos a los ancianos; y todos, sumisos unos a otros, revestíos de humildad; porque: Dios resiste a los soberbios, Y da gracia a los humildes. (1Pedro 5:3-5)

En realidad, la enseñanza de obedecer a un hombre como si fuera el mismo Cristo, pervirtiendo la instrucción del mismo Jesús, es uno de los axiomas que los `primeros Padres' de la iglesia utilizaron para preparar el camino de la iglesia Católica romana, y también –por supuesto- es utilizado por los jesuitas para su manipulación diabólica de las voluntades de los hombres a favor del Vaticano, haciendo ver a los cristianos que sólo aceptan la autoridad de Cristo como "extraviados", "rebeldes" o, incluso "apóstotatas".

Ancianos en la iglesia de Cristo
El término usado por Pedro en el texto citado atrás, vertido como "anciano", viene del griego "presbíteros", y es la palabra más usada relacionada con la dirección en una iglesia o congregación. En el lenguaje bíblico, la palabra significa simplemente "persona de más edad".

No hay nada, en ningún lugar de la Biblia, que nos indique que el concepto de "anciano" sea algo vinculado inherentemente a la religión. En realidad, es quizás la forma más antigua de dirección de una comunidad que se conoce en la historia. En todas las culturas de la historia, en todo el mundo, desde los grupos étnicos tribales hasta sociedades más complejas, han contado con un grupo de "ancianos" que, por su experiencia y edad pueden aconsejar o dirigir a la comunidad. En tiempos bíblicos, Egipto, Moab, Madián, Gabaón tenían sus ancianos, quienes actuaban en representación de las familias de las comunidades de su lugar de residencia.

Cuando Israel se estableció en Canaán, cada ciudad y cada pueblo tenía sus ancianos que servían de manera similar. En el pueblo de Dios, a los ancianos del Antiguo Testamento no se les describe como una especie de cuerpo de administradores funcionando continuamente de modo oficial, investidos de alguna autoridad política o religiosa. Más bien, eran evidentemente personas respetadas que estaban disponibles siempre que surgía la necesidad, que estaban preparados cuando se les requería para prestar ayuda en el trato con dificultades o problemas, fuese a favor de una persona o de la comunidad como un todo.

No hay nada en la evidencia bíblica que indique que había algún modo de nombramiento de los ancianos israelitas en un sentido organizacional -ningún rey, ningún sacerdote los "nombraba" como ancianos- ni de que se les considerase como que estaban ocupando un "cargo". Todo apunta en este sentido a indicar que un "anciano" era simplemente un hombre estimado por la comunidad como una persona que manifestaba sabiduría y juicio sano, siendo reconocido como tal por los que ya eran considerados ancianos de la comunidad. Sería considerado como anciano básicamente como resultado de lo que era como persona. Todo el asunto reflejaba la actitud de respeto y de deferencia que se mostraba en aquellos tiempos a las personas de edad y de experiencia, tanto en la familia como en la comunidad.

Cuando se formaron las comunidades cristianas, empezó a funcionar un modelo similar de dirección (que es diferente a "autoridad sobre otros"), y de ayuda. Es cierto que en la Biblia dice que Pablo y Bernabé "nombraron ancianos" en varias ciudades que visitaron, y que Pablo dio instrucciones a Tito de "nombrar ancianos" ("establecieses ancianos", Versión Reina-Valera) en diferentes lugares de Creta. No obstante, la obra Theological Dictionary of the New Testament, dice con respecto a Hechos 14:23:

En el griego seglar, presbyteros significaba simplemente `hombre de edad' -por lo menos fuera de Egipto. Posiblemente Lucas lo entendió de este modo en Hechos [14:23]. Si fue así, entonces Pablo nombró a algunos de los `ancianos' para una responsabilidad particular, no a algunas personas a la posición de anciano.

Cualquiera que sea el caso, aquellas eran circunstancias especiales, de dispensación especial, y envolvían la autoridad apostólica, ejercida directamente o a través de un delegado (como en el caso de Tito), una autoridad que ya no existe. Es evidentemente cierto que no todos los ancianos en todos los lugares llegaron a serlo por visita personal de apóstoles o de representantes de apóstoles, y no se dice nada relativo a que la condición de anciano fuese conferida por correspondencia en tiempos cristianos. Por lo tanto, no hay otra explicación que, el que ellos llegasen a ser ancianos, era evidentemente el resultado de que fuesen estimados localmente como personas con sabiduría y juicio sano, resultando en que fuesen reconocidos como hermanos ancianos por aquellos con los que se congregaban. Y, como sugiere la fuente citada, en tales casos cualquier "nombramiento" que recibiesen no era para convertir a una persona en anciano, sino que era un nombramiento de alguien que ya era anciano para rendir algún servicio particular en la congregación.

Así, en cualquier iglesia (no entendida como denominación) o grupo de personas que se reúnan hoy día como cristianos, es posible que existan personas que sean respetadas debido a su sabiduría y sano juicio, a su experiencia y edad, quienes, si la ocasión lo amerita, pueden responder aconsejando sobre las necesidades personales de un individuo, o pueden actuar –como un grupo de ancianos- para deliberar sobre asuntos que preocupen a la comunidad de cristianos. Esto sí tiene base bíblica.

No hay necesidad ni sustento bíblico de que los ancianos deban ser "nombrados" formalmente ni las Escrituras sugieren que este nombramiento formal sea esencial. El mismo arreglo de la comunidad cristiana, como de familia, que se dibuja en las Escrituras parece que va en contra de esta formalidad.

Sin embargo, en ningún sitio las Escrituras inspiradas muestran un lugar de privilegio para los ancianos, reservándoles exclusivamente cosas como animar, reprochar o intentar el restablecimiento de personas que, a juicio de ellos, han emprendido un proceder erróneo. El que ellos puedan tomar la iniciativa en esos asuntos, de ningún modo priva a otros para que puedan llevar a cabo esas cosas también.

Así que no es cierto lo que me dice el querido hermano que me escribe:

Si nos damos cuenta, en la iglesia local los ancianos, comúnmente llamados pastores, tienen la responsabilidad ante Dios de, entre otras cosas: 1) Ser retenedores de la Palabra.2) Con ella exhortar y convencer a los que contradicen.

Más exacta y ampliamente, todos tenemos el derecho y la obligación de ser retenedores de la palabra y exhortar con ella a otros.

La elaboración de reglas al respecto, revela una mentalidad en la que es evidente la diferencia entre clérigos y legos, no la que corresponde a una hermandad cristiana; y, de paso, propone dos normas de actuación, una para los ancianos, y otra para todos los demás. Es indiscutible que la exhortación bíblica a ser "imitadores de Dios, como hijos amados" se dirige a todos los cristianos, no a un número selecto de ellos.

La palabra de Cristo more en abundancia en vosotros, enseñándoos y exhortándoos unos a otros en toda sabiduría, cantando con gracia en vuestros corazones al Señor con salmos e himnos y cánticos espirituales. (Colosenses 3:16) (Subrayado mío)

Podemos y debemos enseñarnos y exhortarnos unos a otros, en sabiduría guiada por el bendito Espíritu de Dios. No hay necesidad de otra validación para ello que la suministrada por el señorío del Espíritu Santo. No hay necesidad de pertenecer a una organización denominacional ni tener carnets especiales para cumplir las órdenes de nuestro Salvador.

Para ser libres nos libertó Cristo. Manteneos, pues, firmes y no os dejéis oprimir nuevamente bajo el yugo de la esclavitud. (Gálatas 5:1)

Solamente cuando seamos totalmente libres de los hombres, podremos dar el siguiente paso: hacernos esclavos de ellos.

Porque siendo libre de todos, me hice siervo de todos para ganar a cuantos más pueda. (1 Cor. 9:19)


Los términos "diácono", "superintendente" y "obispo"
Veíamos que el término griego "diákonos" significa literalmente "sirviente", "ayudante" o "ministro". La Biblia también utiliza el término "epískopos", que se traduce como "superintendente" u "obispo"

Pablo y Timoteo, siervos de Jesucristo, a todos los santos en Cristo Jesús que están en Filipos, con los obispos (epískopos) y diáconos (diákonos) (Filipenses 1:1)

La palabra "diakonos" empleada por los escritores cristianos significa simplemente un "sirviente, ayudante, asistente". El sentido sencillo y humilde que transmite esta palabra puede llevarnos a entender de mejor modo la declaración de Jesús

Sabéis que los gobernantes de las naciones se enseñorean de ellas, y los que son grandes ejercen sobre ellas potestad. Mas entre vosotros no será así, sino que el que quiera hacerse grande entre vosotros será vuestro servidor [diakonos, "ministro"] y el que quiera ser el primero entre vosotros será vuestro siervo; como el Hijo del Hombre no vino para ser servido [del verbo diakoneo, "para que se le ministrara"], sino para servir. (Mateo 20:25-28)

Todos los cristianos, no solamente una o unas pocas personas de un grupo, deberíamos ser "diákonos", "ministros", es decir, personas que nos colocamos al servicio de otros. Así, ser un "ministro" en este sentido es diametralmente opuesto a lo que la mayoría de las iglesias entienden con relación al término.

La misma palabra griega "diákonos" se vierte "diácono", y esto ha llevado a pensar a algunos en términos de un cargo de iglesia, mientras que, es importante recalcarlo, el sentido es simplemente el de un "ayudante" o "asistente", de alguien que sirve de alguna forma necesaria. Las Escrituras no dan ningún detalle ni establecen ninguna función específica ni forma de servicio para los llamados a servir de este modo para beneficio de un grupo.

De igual manera, algunas traducciones vierten frecuentemente el término episkopos como "obispo" y para el lector que no haya profundizado en el estudio de las Escrituras, es prácticamente imposible en este caso no pensar en términos de cargo eclesiástico, en rangos de alguna especie de "autoridad espiritual". Incluso cuando se encuentra la traducción más correcta "superintendente", todavía puede existir la tendencia a pensar en supervisión en sentido oficial y organizacional.

Al respecto, el Theological Dictionary of the New Testament nos muestra que las formas verbales (episkopéo y episképtomai) se usaban básicamente en el sentido extrabíblico de "mirar", "pensar", "tener en cuenta algo o alguien", "velar por", "reflexionar en algo", "examinarlo", "someterlo a investigación", y "visitar", usándose en este último sentido especialmente con referencia a visitar a enfermos, sean estas visitas de amigos para atender al enfermo o del médico mismo. La mencionada obra también dice que la Versión de los Setenta utiliza estos términos en el sentido más profundo de "estar interesado por algo", "cuidar de algo", y lo aplica de esta manera a un pastor y sus ovejas.

Robert Banks dice que "finalmente, los términos episkopos (superintendente) y diákonos (diácono, ministro) deberían liberarse de las connotaciones oficiales eclesiásticas que tienen para nosotros hoy, pues no son esencialmente diferentes de los términos pastorales que Pablo emplea. No existe evidencia real que sugiera que estos términos tuvieran algún significado técnico en ese tiempo. Esto se confirma por el hecho de que en el segundo siglo Ignacio y Policarpo no conocen ningún modelo episcopal en la iglesia de Filipo". (Paul's Idea of Community)

Es cierto que el término (episkopos) puede emplearse para significar supervisar, escrutar e inspeccionar pero, en este orden de ideas, ¿podríamos superponer a las referencias de las Escrituras Cristianas la idea de un superintendente o supervisor organizacional que "supervisa" la actividad de otros, inspeccionándolos y urgiéndoles a su trabajo asignado..? No. Por la sencilla razón de que el término por sí mismo no lo requiere.

Incluso aún siendo aceptable semejante definición, ¿por qué deberíamos apadrinarla preferentemente en lugar del sentido básico e igualmente válido de un interés dedicado, de mirar de visitar a una persona motivados por interés en sus necesidades? No podemos negar que este sentido se ajusta mucho mejor al espíritu de las declaraciones de Cristo a sus discípulos, y está más conforme con los principios de servicio humilde que él difundió.

Aunque no son muchas las fuentes históricas, la evidencia indica que el primer paso en la centralización llegó mediante un cambio en la consideración, una auténtica distorsión, del papel de los cuerpos de ancianos o "presbíteros" En lugar de considerarlos simplemente como hermanos de mayor edad que sirven entre los hermanos (no por encima de ellos), como en una familia, se fue implantando la pretensión de que aquellos ancianos disfrutaban de una relación especial para con Dios y Cristo, distinta a la de los demás fieles cristianos y superior a la de ellos.

Tal pretensión desvirtúa de plano el sacrificio de Cristo que nos permite, a cada cristiano, mantener una relación personal con Dios a través de Jesucristo, el Sumo Sacerdote, sin la intervención de nadie más ni la necesidad de ninguna mediación humana. Cada cristiano es parte integrante de "un sacerdocio real".

La evidencia muestra que, originalmente, los términos "superintendente" (epískopos) y "anciano" (presbyteros) eran intercambiables, describiendo el uno la propia función, y fijando el otro la atención en la cualidad de la madurez de la persona. Es posible y factible que hubiera sido práctica habitual el que uno de los ancianos actuara como presidente en sus reuniones y deliberaciones. Pero, con el tiempo, se decidió que preeminentemente uno de los ancianos asumiera la posición de "superintendente", de manera que ese término llegara a tener aplicación solamente en el caso de esa persona, y no aplicara a todos los ancianos por igual. ¿Por qué sucedió así? Un comentarista nos dice:

La concentración de mayor autoridad en una sola persona evidentemente se consideró como un paso de carácter "práctico" que pudo ser justificado por las circunstancias, teniendo en cuenta la consecución de un buen fin. La introducción de falsas enseñanzas, y quizá también las oleadas de persecución que se experimentaron, fueron la causa de que los ancianos percibieran lo práctico de que hubiera una mayor concentración de autoridad en una sola persona, quien llegó a ser EL superintendente, el único superintendente entre los ancianos. Debido a que el término "obispo" proviene de la palabra griega para "superintendente" (episkopos), ahí tuvo su comienzo el oficio de obispo. Naturalmente afloraron diferentes puntos de vista y enseñanzas erróneas en las congregaciones cristianas. Si quienes llevaban a cabo el servicio de pastoreo hubieran tenido en cuenta la verdad según las Escrituras, incluyendo las enseñanzas de Jesucristo y sus apóstoles, como arma espiritual para combatir aquellas enseñanzas, habrían demostrado tener confianza en el poder de la fe para `derribar razonamientos y toda cosa encumbrada que se levanta contra el conocimiento de Dios', como lo expresó el apóstol Pablo. Pero en cambio, ahora los hombres se habían vuelto a las armas carnales, recurriendo a un encumbramiento de la autoridad humana con la excusa de mantener la unidad cristiana y, supuestamente, la pureza de la fe.

Esos mismos argumentos que anteriormente habían permitido la instauración de un arreglo monárquico, donde uno de los miembros del cuerpo de ancianos vino a ser el único Superintendente (u obispo), alguien en torno a quien la congregación podía unirse como un "centro visible de autoridad" y que más tarde llevó a la formación de sínodos o concilios para una región particular, "condujeron hacia un centro visible para toda la iglesia", ahora a nivel internacional, una práctica absurda que alcanza su máximo exponente en la Iglesia Católica, la Gran Ramera de la que nos habla la Biblia; sino que también fue implementada por iglesias "cristianas" como vemos hoy en Asambleas de Dios, en la mayoría de denominaciones y en otros "concilios" de iglesias.

Inicialmente, los concilios de superintendentes tuvieron influencia tan sólo sobre un área, provincia o región particular. Sin embargo, con la celebración del Concilio de Nicea (325 D.C), se comenzó a universalizar el asunto, abarcando todo aspecto.

El creciente énfasis en la autoridad humana que había comenzado como algo dentro de la congregación y, posteriormente, entre varias congregaciones, al final llegó a internacionalizarse.

El Concilio de Nicea fue convocado por el emperador romano Constantino (un hombre que a pesar de proclamar su conversión no estaba bautizado en ese momento), principalmente para conseguir una posición unificada entre los obispos cristianos (superintendentes) concerniente a la relación existente entre Cristo y Dios, asunto que estaba dividiendo profundamente a muchos. El asunto no se circunscribía a la divinidad de Cristo, un hecho aceptado, sino que se discutía si Cristo debería ser identificado totalmente con la divinidad suprema, el Soberano del cielo y la tierra. Según Sócrates, la reunión estuvo cargada de insultos e improperios entre estos obispos o superintendentes "cristianos". Según Eusebio de Cesarea (aprox 260-339), Constantino ejerció su influencia directa y personalmente para que el Concilio declarara que Jesús "fue engendrado, no creado, el único que comparte existencia con el Padre". Sea cual fuere el nivel de intervención y dominio de este emperador pagano en el concilio, todo lo adoptado allí llegó a ser ley para la iglesia y para el imperio de Constantino.

Según Ecclesiastical History, 1.9, de Sócrates, Constantino escribió a la iglesia de Alejandría (Egipto) que "la terrible gravedad de las blasfemias que algunos estaban descaradamente profiriendo con respecto al poderoso Salvador, nuestra vida y esperanza", ahora había sido condenada y contrarrestada, "pues lo que ha resultado aceptable para el juicio de trescientos obispos no puede ser otra cosa que la doctrina de Dios".

Entre la mentalidad de los cristianos, que ya aceptaban en mayor grado la autoridad humana, aún por encima de su propia consciencia y criterio personal, se creyó que debido a que cierto número grande de líderes religiosos (obispos) habían votado a favor de cierta posición doctrinal, ese mero hecho garantizaba como correcto el asunto, convirtiéndolo en doctrina de Dios. Miremos a nuestro alrededor, a los líderes de iglesias "cristianas" y concilios: nada ha cambiado al respecto. Si un líder "cristiano" lo dice, se asume como cierto; si lo dicen los "superintendentes" de un concilio enorme como el de Asambleas de Dios, con mayor razón.

Transcurrieron algunos siglos para que la falsa enseñanza de la validez de una autoridad humana sobre la iglesia, sustentada pobre y torcidamente en la necesidad de unidad de creencia y criterio, llevara a la ya descarriada iglesia a la creación de un número creciente de puestos de prominencia que correspondían al desarrollo y crecimiento de la "iglesia" y creando áreas adicionales, "ministerios especiales" (alabanza, jóvenes, liberación, etc) y niveles de autoridad. Es decir, una jerarquía religiosa similar a la de la satánica Iglesia Católica.

Así, bajo la excusa de la uniformidad de creencias, se perdió la libertad cristiana. Asuntos referentes a doctrina o comportamiento fueron zanjados no mediante la exhortación o la comprobación escritural, ni mediante la discusión y la prueba bíblica, sino mediante la imposición de la "autoridad" jerárquica que le confería a ciertos hombres el poder para hacerlo..

FIN DE LA TERCERA PARTE

EN LA CUARTA Y ÚLTIMA PARTE, VEREMOS ALGUNAS CONSIDERACIONES FINALES.
Ricardo Puentes Melo

No hay comentarios:

Publicar un comentario en la entrada